APITERAPIA
Es una TERAPIA NATURAL muy importante, aunque casi ignorada en nuestro país.
Definición
Es la ciencia que se ocupa del mantenimiento y/o restablecimiento de la salud, mediante el uso de productos de la colmena, miel, polen, propóleo, jalea real, cera y apitoxina (el veneno que la abeja introduce por picadura).
Antecedentes históricos
Las abejas están en nuestro planeta desde hace sesenta millones de años y se especula que pueden ser anteriores a la existencia del hombre, habiéndose establecido fehacientemente que su aparición en la tierra data del periodo terciario.
Las abejas se encuentran en todos los hábitats donde hay plantas con flores, integrando una super familia de insectos, himenópteros, divididas en una gran cantidad de familias, con un total de 12.000 especies, entre las cuales se encuentra la abeja común (Apis Mellífica o Apis Melífera). Esta especie es un insecto social que vive en enjambres formados por tres clases de individuos: reina, obreras y zánganos. Sin embargo, la mayoría de las especies de abejas son solitarias, es decir que no forman enjambres.
Las abejas se alimentan de polen y néctar que recolectan de las flores, con unos órganos especiales y almacenan en alojamientos construidos por ellas mismas. En las variedades que forman comunidades, como la Apis Melífera, estos alojamientos adoptan una forma hexagonal, agrupándose en un conjunto que se conoce con el nombre de panal y que sus constructoras suelen colocar en un lugar protegido, como el hueco de un árbol o una pequeña cueva. El polen y el néctar así almacenado se utiliza como reserva, y alimento de las crías.
Este ápido es la criatura más pequeña domesticada por el hombre, consumiendo su miel, habiéndose encontrado pinturas rupestres con una antigüedad superior a 10.000 años, ilustrando sobre la recolección de miel en panales. En el período neolítico, transcurrido entre 4.000 y 6.000 años antes de Cristo, el hombre dejó muy numerosas representaciones de su relación con las abejas en Valencia (España), Zimbabwe (África), y en varias regiones de la India. Es importante destacar que los apicultores en su trato milenario con las abejas, han logrado incentivar algunas actividades de ellas, pero jamás consiguió modificar su comportamiento básico.
Las abejas se reúnen en poblaciones de entre 40.000 y 80.000 individuos, con una gran organización y una estricta disciplina, en un sistema que muchos denominan estado, porque todas las actividades están claramente repartidas y existe una jerarquía inalterable. Al igual que otras variedades, construyen panales de celdillas hexagonales, que en el caso de las abejas cuyos productos se explotan comercialmente, se forman dentro de cajas de madera fabricadas por el hombre y reciben el nombre de colmenas.
Antecedentes en Egipto y Oriente Medio
En el antiguo Egipto son numerosos los dibujos y bajo relieves alusivos a las abejas y sus productos. En las tumbas de Luxor números 73, 100 y 101, construidas entre 3.550 y 1.450 a. de C., se muestra la extracción de miel usando humo y su posterior envasado; también en las paredes de piedra del Templo del Sol de Neuserre (2.400 años a. de C.) se representa a un apicultor realizando sus tareas con panales y el llenado de ánforas especiales.
En una tumba sellada hace 3.500 años se encontraron ánforas, contendiendo miel en perfecta condición de pureza y frescura. Este hallazgo confirmó científicamente, que la miel tiene una sustancia que la mantiene incorruptible, sin necesidad de conservantes ni aditivos artificiales.
Los egipcios apreciaban a la miel para la vida, como alimento, cura y prevención de enfermedades y para con los muertos, como preservador de cadáveres por el gran poder antiséptico de sus componentes. El caso más difundido de este uso de la miel, fue cuando murió en Babilonia el emperador Alejandro Magno, y se trasladó a la capital de Macedonia, su cadáver sumergido en ella.
Los efectos medicinales de los productos apícolas, eran conocidos por los sacerdotes, y los aplicaban en casos de enfermedades del riñón, aparato digestivo, afecciones oculares, lo mismo que en problemas epidérmicos, y lógicamente en las cremas de belleza de la cosmetología egipcia. En el papiro de Ebers, aproximadamente 1.700 años a. de C., se hace alusión a muchos usos de la miel como medicamento de uso interno y también de uso externo como apósito quirúrgico para úlceras y quemaduras, e inflamaciones de los ojos. En el papiro de Beck Badog, también se citan, la miel, la cera, y el propóleo como medicamentos. En el Corán se aconseja: “Come miel hijo mío, porque no solamente es agradable y sano alimento, sino que es también un remedio contra no pocas enfermedades”. También en él, se menciona al propóleo, que es denominado “Kitharpikse”, adjudicándole numerosas propiedades medicinales.
Antecedentes en el Lejano Oriente
La tradición médica china cataloga a la miel, según el hábitat de donde procede, como miel de tierra, de bambú, de madera, de piedra, etc., confiriendo a cada una propiedades terapéuticas diferentes.
En las tradiciones hindúes, siempre aparecen, la miel, la cera y el propóleo en la composición de productos destinados a curar enfermedades, y le es atribuido a los Azwin, dioses del sol el descubrimiento de la miel.
En el Ayur Veda (Libro de la Vida), uno de los documentos más antiguos de la medicina de la India, como así también en el Códice de Manu, la miel figura como alimento dietético de primer nivel. En las épocas posteriores de la India, alrededor de 1.500 años a. de C., un cirujano llamado Sushruta, describió y aconsejó, por lo menos ocho tipos de miel, producto de diferentes plantas, y le otorgó a cada una de ellas facultades medicinales específicas, calmantes, antiespasmódicas, tonificantes y otras cualidades curativas, especialmente para problemas de piel y supuraciones.
Antecedentes en Grecia y Roma
Entre los griegos, el conocimiento de las propiedades de los productos de las colmenas, aparecen en la mitología y hace mención que Zeus, fue protegido y alimentado durante su niñez, por las abejas del Olimpo, que fabricaban su miel únicamente con ese propósito. Hipócrates el médico más brillante de la Grecia antigua, 500 años a. de C., decía de la miel, “es una magistral medicación fortificante y dadora de larga vida”.
El filósofo y naturalista Aristóteles (siglo IV A. de C.), recomendaba miel pura para el tratamiento de las llagas, tanto externas, como internas, y contra las infecciones oculares y prescribía el propóleo para el riñón, la sangre y las vías urinarias y como remedio de uso externo para las contusiones y las llagas supurantes.
Dioscorides escribió, en el siglo I después de Cristo, su libro “Tema Médico” y en él elogia las propiedades de la miel, como medicamento, su contemporáneo, Plinio “El Viejo”, que es considerado el más grande naturalista entre los Romanos, escribió su “Historia Natural”, un extenso capítulo que describe las virtudes de las abejas y sus productos y los propone como “medicamentos benditos para los ojos, las llagas y para las partes internas”. Más adelante y refiriéndose al propóleo, que denomina mellingo, relata que esa sustancia “…es de gran aprecio como medicamento, tiene olor penetrante, y muchos lo utilizan en lugar del gálbano”, (gomorresina aromática sacada de las umbelíferas) y agrega: “… quita los aguijones y los objetos que han entrado en la carne, reduce las hinchazones y ablanda los endurecimientos de la piel. Disminuye los dolores nerviosos, y cura las úlceras, los abscesos y los forúnculos, que son a menudo incurables.”
En el siglo II, Galeno, (131- 201 d. C.) médico griego, que ejerció en Roma, intentó sistematizar la medicina de su época, a la que enriqueció con investigaciones anatómicas y fisiológicas, destacó a la miel como corrector de sabor de los remedios y como medicamento y compuesto esencial de específicos y fórmulas magistrales, prescribiéndolo principalmente en casos de afecciones de las mucosas y envenenamientos.
Antecedentes en Europa y Eurasia
Los trabajos de Galeno fueron una verdadera fuente de estudio e inspiración, en la reputada escuela médica de Salerno, que utilizaba la miel en sus principales compuestos farmacéuticos, aun hasta el siglo XVIII, integrando más de 120 fórmulas del vademécum de la época. En la antigua Rusia, se estimaba a la miel de gran importancia en la farmacopea, como poderoso contraveneno y para tratar llagas, infecciones, heridas profundas, afecciones respiratorias, aftas, accesos de tos, dolores estomacales, problemas de intestino, desnutrición, raquitismo y anemia. Los médicos del ejército de Napoleón Bonaparte, conocían las bondades del propóleo para la cura de las heridas de guerra, y el emperador, fascinado por sus bondades, hizo ilustrar con abejas, algunas de las condecoraciones que distinguían a sus soldados más fieles. Más adelante se podrá ver que los investigadores rusos, son los que han profundizado, hasta la actualidad, respecto al tema de la miel y demás productos de las abejas, en sus facetas terapéuticas.
Antecedentes en América
En la América Precolombina, se consideraba a la miel como “el alimento del fuego”, se le otorgaba la capacidad de suministrar calor y energía al hombre enfermo o en situación de perder “fuego interno” (temperatura), se la consideraba también como un remedio importante en afecciones del aparato respiratorio, urinario, digestivo, heridas y ciertos trastornos síquicos. En la actualidad es muy apreciada en Méjico la “Miel Virgen”, sin refinar ni purificar, como remedio contra la impotencia y afecciones del aparato urinario, y para aliviar prácticamente todas las enfermedades del aparato genital de ambos sexos.
Antecedentes dados en la Biblia y otros libros religiosos antiguos
En la Biblia se menciona al propóleo con otro nombre. En el génesis, por ejemplo, (capítulo 37, versículo 25), se dice que las caravanas que iban de Galaad a Egipto, llevaban perfumes, mirra y bálsamo (nombre con que se conocía al propóleo). Asimismo, en el Génesis, (cap. 43 y v.11), se mencionan presentes para el Primer Ministro de Egipto, y dice textualmente “…tomad los mejores productos de esta tierra en vuestro equipaje…” como la miel, el bálsamo, perfumes, mirra, almendras etc. Cabe destacar que las caravanas de camellos que viajaban de Damasco y Galaad a Egipto llevaban casi exclusivamente productos que eran de gran consumo en el valle del Nilo, sobre todo para el culto de los templos, la medicina y el embalsamamiento de cadáveres.
Los profetas hebreos mencionan al propóleo como bálsamo de Galaad, bálsamo de Judea, o simplemente resina para uso médico, en sus escritos. También sobre el uso medicinal de la miel existen abundantes referencias bíblicas (Proverbios 24, 13), incluso se cita que Jonathan, hijo del rey Saúl, aclaró sus ojos con ayuda de la miel (Samuel 14, 25, 19).
La miel fue por siglos el edulcorante por excelencia que utilizó el hombre, si tenemos en cuenta que el azúcar se conoció en el siglo XV. Las propiedades terapéuticas que en forma empírica le adjudicaron las antiguas civilizaciones a la miel, polen, propóleo, jalea real, cera y apitoxina, entre otros productos elaborados por las abejas, fueron explicadas y verificadas en su gran mayoría, con todo el rigor científico de la ciencia actual y con el estudio de sus propiedades fisiológicas y medicinales.
Estructura del panal
Un panal es una estructura formada por celdillas de cera que comparten paredes en común construida por las abejas melíferas para contener sus larvas y acopiar miel y polen dentro de la colmena. Esta capacidad se debe a que las obreras cuentan con glándulas cereras que producen este elemento natural tan apreciado. El panal es utilizado para depositar sus alimentos: polen y miel. También la celda es utilizada como habitáculo para la cría de obreras y zánganos. El tamaño de la celda varía según la necesidad de la abeja, siendo de aproximadamente 6 milímetros para obreras y 8 milímetros para zánganos en el caso de Apis mellifera.
Las comunidades de Apis Melífera, o colonia de las abejas se encuentran divididas en tres castas:
La reina: Solo existe una en cada colmena, mide de 15 a 17 mm y es fácilmente reconocible por su abdomen mucho más largo y esbelto que las obreras. Es la única hembra fértil, y por lo tanto, la encargada de procrear y mantener o aumentar el número de habitantes de la comunidad como única función, tiene un aguijón que puede utilizarse varias veces, su esperanza de vida es 2 a 5 años.
Las obreras: De unos 12 mm de longitud, son hembras, con los órganos reproductores atróficos; se encargan de realizar todos los trabajos de la comunidad, y forman la masa de la colmena, tienen un aguijón venenoso de un solo uso, la esperanza de vida es de 1 a 6 meses.
Los zánganos: Aparecen solo temporalmente cada año, en número de algunos cientos. Miden de 15 a 16 mm, y tienen ojos más grandes y cuerpo sumamente macizo. Uno de ellos es el encargado de fecundar a la reina durante el vuelo nupcial. Carecen de aguijón y tienen una esperanza de vida de pocos meses.
El enjambre
Para constituir un nuevo grupo, la abeja reina de más edad abandona la colmena, llevándose consigo a un crecido número de obreras y dejando a la reina más joven a cargo de lo que queda de la colonia original. Al grupo de abejas con su nueva reina se le llama enjambre. No hay que confundir un enjambre con una colmena que encontramos en el interior de cualquier recipiente.
Breves apuntes sobre la apicultura
La colmena
La colmena es la vivienda de una colonia de abejas.
Existen dos tipos de colmenas.
Colmena rústica: Es la colmena que encontramos en el hueco de un árbol, hecha sin intervención humana.
Colmena de panales fijos: Es la colmena que construye el hombre en los primeros estadios de la apicultura, en troncos huecos, en vasos de corcho, en cestos de mimbre, en campanas de paja, donde las abejas construyen los panales de cera según sus propios criterios.
Partes de una colmena
Una colmena fabricada para el ejercicio de la apicultura consta de varias partes:
- Piso
- Cámara de cría o Alza inferior
- Alza melaria
- Techo
Históricamente, el hombre ejercía lo que puede denominar apicultura silvestre, buscando los panales en los huecos de los árboles, dentro de los bosques donde habitaban las abejas, intentando tener los panales más cercanos a los poblados.
El hombre apicultor comenzó a ahuecar árboles, los proveía de un enjambre y los volvía a cubrir, dejando una piquera abierta para posibilitar un acceso a la miel. Pero no todos tenían árboles cerca de sus casas, como primera solución, comenzaron a construir colmenas móviles de paja. Cansado de de tener que cortar completamente los panales fijos o las paredes de las colmenas cuando llegaba el momento de la recolección de miel, un pastor protestante de Silesia, en Polonia perfecciono la apicultura instalando unas varillas que podían extraerse sin dañar los panales.
A los apicultores no les quedaba más remedio que dejar en la colmena una parte de la miel para el sustento de las abejas durante el invierno, hace algo más de cien años, se logró implantar el azúcar de caña como alimento sustituto de la miel. El azúcar se disolvía en agua y con esta solución se alimentan las abejas, este cambio permitió un aumento muy importante en la producción de miel en beneficio del hombre.
Colmena de panales o marcos móviles
Cansado de de tener que cortar completamente los panales fijos, o las paredes de las colmenas cuando llegaba el momento de la recolección de miel, un pastor protestante de Silesia en Polonia, perfecciono la apicultura instalando unas varillas que podían extraerse sin dañar los panales. Este fue el punto de partida que permitió desarrollar un marco de madera rectangular en el que las abejas podían construir sus panales, los cuales además podían extraerse con facilidad de las colmenas de madera y ser sustituidos por otros.
Basada en dicha modificación dada para facilitar la recolección de la miel, en la apicultura, se emplean estructuras construidas especialmente, siendo éstas colmenas de diferentes tamaños y alturas, pero con la particularidad de que en su interior todas tienen cuadros de madera móviles que permiten una explotación racional sin necesidad de destruir el nido de cría.
Son las colmenas utilizadas en apicultura racional, existen de diferentes tamaños y alturas, pero la particularidad que las une es que en su interior todas tienen cuadros de madera móviles que permiten una explotación racional sin necesidad de destruir el nido de cría.
El interior de una colmena comercial está lleno de panales de cera, dispuestos verticalmente, y formados por celdillas hexagonales implantadas sobre los dos planos opuestos de un soporte artificial.
Estas celdillas están construidas con cera que las abejas obreras exudan de una serie de placas localizadas entre los segmentos del abdomen, con forma de escamillas que se van adhiriendo unas a otras.
Marcos o cuadro móvil
En el panal, existe un orden muy definido: las larvas se alojan en la parte frontal del centro; en la parte exterior se encuentran las celdillas de almacenaje de miel, y en la parte media se almacena el polen. Allí se deposita el polen y la miel de reserva, pero dentro de una cierta cantidad de celdas se desarrollan las larvas de las obreras a partir de huevos fecundados, puestos por la reina. De los no fecundados, alojados en celdas más grandes, nacen los zánganos. A los tres días salen de los huevos pequeñas larvas ápodas, que son alimentadas por las nodrizas durante las siguientes 48 horas, con una jalea nutritiva producida por ellas mismas. A continuación la dieta cambia a polen y miel durante cuatro días más, y con esta alimentación la larva aumenta aproximadamente 500 veces su peso en 6 días. A este proceso sigue una pausa pupal dentro de la celdilla tapada con cera, en la cual la larva se transforma en ninfa, pasa al estado juvenil y sale de su alojamiento rompiendo el sello de cera.
El desarrollo de una obrera dura 21 días, en los zánganos 24, y en las reinas de 15 a 17días. Estas últimas se forman a partir de una larva femenina, pero alimentada con una comida especial llamada Jalea Real y desarrollada en una celdilla más grande, en forma de cántaro.
La actividad de las obreras está dividida por especialidades y se modifica con el desarrollo de las diferentes glándulas, en función de su edad. Durante los primeros diez días de vida su ocupación principal consiste en limpiar celdillas, alimentar y cuidar larvas, mantener las cámaras de cría a 35º C, y cerrar las pupas dentro de sus alojamientos. En los 10 a 20 días siguientes, producen cera y construyen celdillas y panales, proveen los almacenajes de alimento y realizan el servicio de guardia en las puertas de los panales, denominadas piqueras. Por último y hasta su muerte, aproximadamente cinco semanas después, se dedican a acarrear polen y néctar de las flores.
Para facilitar su trabajo de recolección, las abejas pueden reconocer el color de las flores, y se pueden entender entre sí mediante un tipo de código de señales, que les permite intercambiar información respecto a las fuentes de alimentos. Los procesos de acarreo del polen y el néctar son ligeramente diferentes, y lo llevan a cabo abejas especializadas en cada uno de ellos, entregando luego su carga a las elaboradoras y almacenadoras ya sea dentro de la colmena o en las piqueras. El néctar lo almacenan en su buche y así lo llevan a la colmena, y allí las elaboradoras lo ingieren y luego lo regurgitan en forma de miel, almacenándolo en las celdillas, junto con algo de polen, para la temporada invernal, 1,5 kilogramos de néctar rinden aproximadamente 500 gramos de miel, una vez elaborada, para lo cual una abeja tiene que volar 120.000 kilómetros.
Las recolectoras de polen lo “barren” de las flores con sus patas delanteras, formando dos bolas que luego llevan a los cestos de sus patas posteriores con las patas del medio, y así lo trasladan a la colmena, entregándolo a las elaboradoras, antes de regresar por más. El polen es rico en albúmina, por lo que resulta imprescindible para las larvas en desarrollo, pero primero es ingerido por las “amas de cría”, procesado y luego regurgitado junto con la saliva, forma en que lo comen las larvas.
También existen en la colmena abejas “propolizadoras”, que son las que se encargan de la recolección, traslado y elaboración del propóleo.
Si una colonia crece demasiado en relación con el tamaño de la colmena, o se excede en la cantidad de abejas, una parte de la población se marcha con la reina vieja, después de haberse desarrollado otra reina joven, que solo saldrá de su celda después que se marchó la primera.
Previamente a la salida de la reina vieja, un grupo de abejas exploradoras buscan un lugar adecuado para construir un nuevo panal, si el apicultor no captura a tiempo al enjambre que se quiere marchar, y lo reubica. Este proceso puede repetirse más de una vez en las colmenas más fuertes.
La reina joven tres días después de salir de su celda, realiza su primer vuelo nupcial, acompañada por los zánganos, durante el cual uno de ellos la fecundará en pleno vuelo. La reina lleva a cabo un promedio de siete vuelos nupciales en su vida; tras cada vuelo los espermatozoides del macho se almacenan en un espermateca o depósito que posee la reina y con ellos fertilizará la mayoría de los huevos que ponga en su vida, es decir los destinados a producir abejas obreras o nuevas reinas. En el momento que cesa la crianza de reinas o si el alimento escasea, los zánganos que ya no tienen ninguna función que cumplir, son expulsados de la colmena, y si intentan volver y entrar, son eliminados por las guardias de las piqueras.
Todos los procesos de elaboración, aplicación, destino y almacenaje de los derivados del panal, serán analizados más en detalle, cuando sean descritos cada uno de ellos en particular.
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